PROTAGONISTAS DE UNA HISTORIA


La praxis arquitectónica es tal vez uno de los ejercicios que con mayor fuerza refleja los cambios que sufre un país. Su papel como intérprete de las transformaciones en el ámbito de la cultura y del pensamiento social se acompaña de nombres no siempre recordados. En la Cuba de los sesenta se permitió dar rienda suelta a la creatividad, dando como resultado la convergencia de un grupo heterogéneo de arquitectos extranjeros aunados bajo el espíritu de una época. Muchos de ellos graduados en los más prestigiosos centros como la Universidad de Yale, conceden a la arquitectura, el diseño y la proyección urbanística, un “lenguaje” con caracteres propios, adelantado al momento que vivían.

Pabellón que representó a Cuba en la Expo Montreal 67´. Sergio Baroni y Vittorio Garatti. Arquitectura en Cuba
Pabellón que representó a Cuba en la Expo Montreal 67´. Sergio Baroni y Vittorio Garatti.

Joaquín Rallo, Fruto Vivas, Sergio Baroni, Javier (Maco) Gutiérrez, Roberto Gottardi y Vittorio Garatti, por solo citar una pequeña muestra, hicieron de los espacios habitables que proyectaron, verdaderos ejemplos de cómo con tan poco se podían lograr productos que fueran más que cemento y arena, más que bloques superpuestos. El ejercicio de estos profesionales en un panorama totalmente ajeno  al que se formaron; en el que el principio de colectividad primó en ocasiones sobre sus propios intereses y en  el que la falta de recursos imposibilitó la realización de muchos proyectos, se traduce en un gran aporte para el desarrollo de la arquitectura como expresión artística.

Anfiteatro-Jaguey-Grande.
Plaza de la Victoria (Anfiteatro de Jagüey Grande). Joaquín Rallo.

La obras construidas como el olvidado Anfiteatro de Jagüey Grande de Rallo, los jardines de la infancia de Vivas, el Pabellón de Montreal de Baroni; las presentadas en concursos como el ranchón de Maco, e incluso las que solo llegaron a esbozarse en planos, demuestran el talento de cada uno de ellos. A partir de soluciones atinadas, supieron adaptar a la realidad de los sesenta productos de gran calidad estética que reflejaron las aspiraciones de los cambios sociales. Cada uno experimentó soluciones en las que los códigos estéticos eran ponderados, quedando supeditados a estos los elementos técnico-constructivos.

PabellonMaco
Propuesta llevada por Javier Gutiérrez al concurso para seleccionar la
obra que representaría a Cuba en la expo de Montreal de 1967.

El protagonismo de esta expresión artística en su decursar por el panorama cultural cubano, ha perfilado procesos interesantes y polémicos. Un análisis correspondiente a su trayectoria a partir de los sesenta, sus aciertos y desaciertos, quedaría inconcluso de no tenerse en cuenta a estas figuras. Si bien luego de sus llegadas a Cuba siguieron en la práctica líneas divergentes, Rallo desde el diseño, a partir del cual supo ajustar los estudios adquiridos en los estratos más selectos de la sociedad capitalista  con la escasez de materiales y la inexperiencia de un joven proyecto; Maco con soluciones adaptadas a recursos mínimos que respondían a los nuevos valores; Fruto Vivas, catalogado por Mario Coyula como “una máquina de producir ideas”, y Sergio Baroni enfrascado en concebir una “cultura del territorio”; manejaron con audacia los códigos arquitectónicos y las escalas urbanísticas. Junto con figuras locales, dichos extranjeros otorgaron a la enseñanza de esta disciplina luego de 1959 una posición de vanguardia. Ellos se convierten en una muestra de esos ejemplos, en donde la denominación de “arquitecto” adquiere su dimensión más completa e integral.

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