Paneo arquitectónico por La Habana (II)


Palacio Aldama; vista desde la calle reina

Inquietante, sorpresiva, diversa y encantadora son algunos de los adjetivos que inspira la capital cubana, en sus visitantes. Hoy, a través de este sencillo paneo arquitectónico por La Habana —nuestra Ciudad Maravilla—, visitaremos uno de los palacios más notorios de la primera mitad del siglo XIX en Cuba, aún hoy, una reliquia que los cubanos tenemos Amano.

Renacimiento clásico

El neoclasicismo representa la simplificación formal ante los excesos del barroco. Las líneas rectas sustituyen las curvas, hay menos adornos y se eliminan los contrastes de volúmenes. La composición arquitectónica se vuelve más simétrica y racional y en cuanto a decoración y orden, la sobriedad se impone. Hay un retorno a las formas clásicas de los edificios griegos y romanos. De los griegos, copia ciertos símbolos y motivos, las fachadas, las columnas y el uso del mármol blanco como material de construcción decorativo. De los romanos, el neoclásico reprodujo las espaciosas cúpulas y bóvedas.

Los dinteles y columnas reemplazan los arcos, haciéndose elemento imprescindible. Los frontones triangulares sustituyen los circulares y las balaustradas reaparecen sobre los edificios. La búsqueda de la belleza ideal es un objetivo y se basa, fundamentalmente, en las líneas puras, en la simetría y las proporciones.

Palacio de Aldama

 

El Palacio de Aldama es considerado el máximo exponente del neoclasicismo en Cuba y la más importante residencia construida en la isla, en el siglo XIX. Su majestuoso portal, de inspiración romana, es la antesala de una de las construcciones más importantes y sorprendentes de la ciudad.

Obra del arquitecto e ingeniero Manuel José Carrerá, esta edificación está situada frente al antiguo campo de Marte —hoy Parque de la Fraternidad— por la calle Amistad. Fue concebida para albergar dos mansiones que desde el exterior se expresan como un solo edificio. Estudiosos y expertos de distintas épocas celebraron su belleza monumental que salta a la vista desde su pórtico y se recrea en su interior.

«El Palacio de Aldama es de tal majestuosidad y belleza, que no desentonaría entre los palacios de las grandes ciudades italianas».          

                                               Karl Vossler, humanista e hispanista alemán.

 

 

 

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