Cuando un hombre se ve bien vestido, se siente con buen ánimo y excelente humor. Charles Dickens

El vestuario forma parte de la idiosincrasia. Define a quien lo porta, frente a un público ajeno y también, frente a sí mismo. Traduce maneras de pensar, inclinaciones e intereses. El vestuario, las prendas que elegimos para cubrirnos, resultan espejo de lo que somos. Pero ¿puede pensarse, lo anterior, como un axioma bajo las luces de esta isla que habitamos? ¿Tiene el cubano la posibilidad real de elegir lo que se pone? ¿O más bien podríamos hablar de una penetración de códigos sin discriminaciones, de un ajiaco donde toda pieza vale? ¿Puede citarse en Cuba el diseño de vestuario? ¿O acaso estamos divagando en terreno de nadie?

Vestuario

Si bien la sumatoria de corrientes y herencias extranjeras ha venido a añadirse a este collage que ya es tan nuestro, lo cierto es que sí existe, frente a este telón, una esencia pujando. Lo anterior podremos comprobarlo si miramos, aunque sea de modo somero, a la producción vigorosa que se encuentra tras las crecientes iniciativas privadas de bares, restaurantes, cafeterías… El nacimiento de negocios particulares en nuestro país ha abierto los campos de fuerza y ha motivado a la mano creadora —fundamentalmente formada en el Instituto Superior de Diseño (ISDI)— a volcarse sobre estos proyectos.

El uniforme de trabajo puede ser, de todas las opciones del escaparate, la pieza más socorrida y al tiempo, la más monótona. Es por esto que, hacer del vestuario laboral una superficie artística es sin duda alguna, un reto en mayúsculas. De frente a la tradicional dupla Blanco-Negro, que desde épocas inmemoriales programa los servicios gastronómicos, los noveles creadores del patio han ido interesándose por lograr una coherencia discursiva entre la ropa y su funcionalidad en el espacio.

Uniformes

Ante la necesidad de los cuentapropistas de traducir la imagen de su local y crear un sello distintivo entre sus clientes, se dispone la tela como un lienzo y la imaginación como un pincel. Entran en juego los colores, la tipografía, las figuras que conforman la identidad visual del negocio y se vuelcan con prestancia sobre el personal de servicio. Encontraremos entonces, sobre la escena cubana, los atrevidos diseños que caracterizan a los dependientes del Cañón de 41, bar ubicado en el capitalino municipio de Playa; o a los marineros que atienden en el Café Fortuna, emplazado en la localidad de Miramar. Tanto en uno como en otro caso, podremos hallar los pilares básicos de este diseño: su adaptación al medio y a la labor para la cual se han destinado, la íntima relación entre la estética y la funcionalidad.

Cafe fortuna

Lo anterior resulta bien recurrente si analizamos el escenario del ya arriba citado bar de 41 y 42, donde a juego con el título del espacio —Cañón— y la indumentaria del mismo, su diseñadora, Yamara Arcia Serrano, ha acertado en proyectar un vestuario barroco. Caracterizan estos uniformes (en el caso de las trabajadoras mujeres) los escotes, que sugieren sin descubrir, atrapados en camisas de cuello chino, y el sombrero a modo de tocado que se inclina sobre la mesa como seña de agradecimiento. La falda corta descubre un poco la sensualidad del cuerpo femenino en una especie de coqueteo con el visitante.  En la puerta de entrada, el recibimiento está a cargo de un airoso joven, vestido de pirata, a la usanza de la época.

vestuario

Siguiendo un estilo diferente, nos encontramos otro modelo igualmente imaginativo. Las dependientas que atienden en Nero di Seppia visten de azul y portan un traje que juega con el concepto que caracteriza al restaurante. La vertical acentúa la esbeltez de las féminas. Una línea blanca surca de arriba abajo el vestido, otorgándole a la sencillez del traje, un motivo que lo hace sobresalir entre los demás, acorde con las vestimentas del resto del personal (cocineros y servicio de limpieza) que mantienen un corte clásico. Añadido a esto destacan unas pinzas de entalle que enfatizan el cuerpo femenino y el empleo de botones, que marcan el punto donde amarra el delantal.

Al analizar los ejemplos anteriores no quedan dudas de que los presentes son tiempos vertiginosos en los que muchas puertas comienzan a abrirse. Ojalá que, ya puesto en marcha, el diseño del vestuario conduzca por la senda priorizada en Cuba. Esta, su amiga, la revista Amano… le augura luces verdes.

1 Comment

  1. gilberto
    23 May, 2017

    Muy de acuerdo, los uniformes le dan un buen toque, a bares y restaruant. Seriedad ,organizacion en fin es muy positivo, tambien les deseo luz verde a todos

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