LAS COSAS FEAS…


Cestos con cintas

Reutilizar, reciclar, reconsiderar. El prefijo RE encabezando las palabras anteriores sugiere una nueva vuelta, una mirada como de “estreno” sobre cosas y conceptos que parecen inservibles. El prefijo IN indica “ya no”. Indica, otras veces, a niveles más subjetivos, que ahora son feos.

Por eso, pudiéramos pensar que reciclar es también sinónimo de reinventar, de volver a pensar. Pudiéramos, además, decir: reciclar es comprender el precepto filosófico que entiende un fin como medio de otros fines.

Carlos Iván así lo asumió hace siete años, cuando comenzó a juntar partes supuestamente muertas de antiguos artefactos: bombillas de autos, latiguillos de plomería, ollas de cocina, y el resultado fue, más que un engendro frankensteiano, un interesante objeto de diseño.

Bombillas cestos

 

Su formación autodidacta, múltiples lecturas y horas de estudio sobre el tema hicieron germinar en Carlos Iván el deseo por lo que llama belleza. Experimentando con materiales poco usuales y haciendo con sus propias manos incluso la tecnología que utiliza para ello, ha logrado sostener un trabajo de producción de alta calidad.

Pero quizás, lo que más llama la atención dentro de sus obras sean ciertos cestos (a diferentes escalas) tejidos con cintas de video. Carlos explica: todo empezó durante el Período Especial. Industrias locales de mi municipio me pidió ayuda para hacer sogas porque no tenían en los almacenes; el único material disponible era cintas de videos VH y ni siquiera sabían si funcionaría.

Cintas para cestos
Cintas preparadas para ser utilizadas

Nada como un reto para estimular la creatividad. Según comenta se pasaba horas con la cintas enredadas entre las manos hasta que un día, con las sogas, se aventuró a hacer un cesto. “Un objeto como ese, a fin de cuentas, es útil para casi todo”, asegura.

Los diseños de los cestos fueron modificándose en pos de lograr un mayor nivel estético, pues la resistencia del material había quedado comprobada y era fácil de trabajar. Lo difícil resultaba conseguir.

Cintas torcidas con motor de lavadora rusa

Como una gran metáfora sobre la obsolescencia programada que marca estos días de desarrollo tecnológico, el trabajo de Carlos Iván con estas cintas se ve amenazado por la escasez de lo que es hoy su principal materia prima.

Ya en ningún lugar del mundo se fabrican estos soportes de información, sustituidos hace años por los Compact Discs (CD) y más recientemente por los dispositivos extraíbles. Cuando se agoten definitivamente las reservas de las que algunos amigos y otros vendedores suministran a Carlos, los cestos dejarán de ser facturados.

Mientras tanto, él continúa produciendo en su pequeño taller lo que luego puede ser encontrado en la tienda de diseño Piscolabis, justo al centro de la Habana Vieja.

Motor de lavadora rusa
Carlos Iván utiliza estos motores de lavadora rusa reciclados para torcer las cintas y hacer las sogas con las que teje los cestos

En estos momentos se encuentra proyectando una serie de luminarias, de las que poco puede dar cuenta ahora, solo que en ellas deposita sus ansias de diseño personal. Aspira poder combinar el utilitarismo y la decoración, así como transmitir en cada pieza el goce experimentado con cada ensamble, con cada nueva forma emergida.

Está preparado para una nueva aventura con aquellas cosas feas que alguien, en alguna ocasión, decidió tirar porque sabe que con un amor de reinvento, reúsos y reciclajes es posible volver a darles color, y más que color, sentido.

No Comment

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Previous MEÑIQUE EN 3D: LA EXPERIENCIA ÚNICA DE UNA DISEÑADORA CUBANA
Next ARTE PARA MAMÁ