LA MARCA


vitral de La Marca

Por esas suertes, en una de las calles estrechas que tantas veces transitamos de paso por la Habana Vieja, donde los nuevos espacios te asaltan a razón de buscar siempre los mismos, se encuentra La Marca.

Destinado en principio a fungir como estudio de arte corporal, este es un sitio ecléctico, desde el diseño interior hasta las funciones que comprende, pues, además, hace las veces de galería, centro comunitario y núcleo operativo de numerosos artistas.

Sin grandes pretensiones de diseño, La Marca fue conformándose desde su propia dinámica, aprehendiendo el espacio y el ritmo de desplazamiento de quienes a diario la ocupan, resultado de repentinas inspiraciones y la necesidad de hacer funcional para todos, el lugar de trabajo.

Boceto de la entrada
Boceto de la entrada

Así, el diseño del mobiliario se propuso que, de manera dinámica, las banquetas de madera en forma cuadrada destinadas para uso del público, pudieran ser rodadas con facilidad y reacomodadas según necesidades circunstanciales.

“Nosotros no nos orientamos por una idea, la idea es simplemente gente con ganas de hacer cosas”, así asegura Robertiko Ramos, uno de los diseñadores.

Desde el punto de vista visual, un juego constante con la simbología propone una reinterpretación y “asunción otra” de símbolos y referentes que conforman lo nacional: religiosos, políticos y artísticos.

Y es que La Marca debía convertirse en un sitio donde confluyesen tendencias, estilos y estéticas para lograr brindar la ilusión de posibilidad infinita, al alcance de un cliente variado, cuyo gusto puede diferir de cualquiera de sus congéneres a distancias insospechadas.

Una vez más lo foráneo nos sorprende en casa y en un espacio cuya superficie no excede los 15 metros cuadrados, los diseñadores a cargo, han logrado hacer empastar en armonía banderas cubanas, motivos maoríes y máscaras mexicanas.

Desde un imagotipo que hace alusión directa a lo visual, y a niveles más físicos, al mismo acto de la mirada y sus posteriores consecuencias sociales o psicológicas, se está dando por sentado que la multiplicidad es la marca, la verdadera e irrefutable marca de estos tiempos.

La fragmentación, lo convulso, y una vez más, el caos, hayan sitio y se reafirman como huéspedes honoríficos de la Modernidad, haciendo de los lugares que dejan ver su historia, los mejores.

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