La Manzana de Gómez


Desde hace más de una centuria, la capital cubana se ha enorgullecido por acoger entre sus calles a una edificación emblemática para todos los ciudadanos: La Manzana de Gómez. En 1873 tuvo lugar la construcción del primer complejo comercial habanero –luego del derribo de las murallas y su urbanización– a cargo del arquitecto español Pedro Tomé Verecruisse, quien fue contratado por Julián de Zulueta y Amondo, marqués de Álava. Esta obra pretendía convertirse, inicialmente con sus 12 departamentos ubicados en una sola planta, en una enorme edificación que semejara los grandes centros comerciales de Europa o Estados Unidos. Sin embargo, el proyecto quedó inconcluso y pronto se convirtió en lo que los transeúntes de la época llamaban las ruinas de Zulueta. Dos décadas después, el burgalés y magnate azucarero Andrés Gómez Mena y su familia adquirieron el inmueble.

Primero estuvo compuesto por un único nivel. Se encontraba integrado por distintos departamentos comerciales
y dos teatros (el Politeama Grande y el Politeama Pequeño), que acogieron a importantes artistas cubanos como María Teresa Vera, fundadora del Sexteto Occidente y una de las voces más importantes de la trova cubana; además de una pista de patinaje. La vida habanera giró en torno a este edificio, pues se hallaba emplazado entre las arterias
comerciales de Obispo y O’Reilly, y la de San Rafael, además de poseer –a finales del siglo XIX– luz eléctrica, lo
cual aumentó notablemente su fama a causa de su actividad nocturna.

Desde 1915 hasta 1917, año de su terminación, le fueron añadidos cuatro pisos, divididos en 560 cubículos de bufetes y oficinas, en su mayoría pertenecientes a la administración de la empresa azucarera de la familia Gómez Mena.  Igualmente contó con  ocho elevadores, dos localizados en cada una de las calles que rodean el edificio. En uno de los departamentos estuvo ubicada la Institución Iberoamericana de Cultura, presidida por don Fernando Ortiz, y la editorial de la célebre revista Show, de Carlos M. Palma, considerada la voz de la farándula cubana del período.

 

La Manzana de Gómez se caracteriza por un estilo ecléctico, pues revela distinciones estilísticas en cada uno de sus pisos. Conserva un soportal alrededor de sus esquinas, con dos galerías interiores que lo cruzan diagonalmente, inspiradas en el Palacio del Segundo Cabo. Posee una alta coherencia urbanística, ya que sus esquinas achaflanadas
logran articular no solo la visibilidad del caminante, sino también el mejoramiento de la circulación. Tipológicamente constituye un ejemplo único dentro de la gama arquitectónica citadina, destinado desde su apertura a actividades netamente comerciales, recreativas y administrativas.

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