La época de oro del cartel cubano


El cartel cubano como manifestación artística, tiene sus antecedentes en la época republicana (1902-1958), período en el que pintores y dibujantes publicitarios le aportaron a su diseño, elementos y configuraciones artísticas de las influencias de vanguardias pictóricas: art noveau, art deco, entre otras.

La publicidad de la época y la cultura vinculada a espectáculos y eventos desempeñaron un importante rol en el desarrollo de este soporte comunicacional. La revista Carteles, surgida en 1919, que llegó a convertirse en «la mejor revista gráfica de la Cuba Republicana» y que se mantuvo activa hasta el inicio de la década del 60, también fue una parte interesante de esta evolución.

Carteles fue una de las revistas favoritas de la clase media cubana.
Carteles circulaba incluso, en el mercado internacional en la década del 50 del siglo XX.

Después de 1959, algunos de los diseñadores que trabajaban en las agencias publicitarias se integraron a los nuevos tiempos y crearon los primeros carteles de exhortación a las masas a alfabetizarse, a educar a los hijos, entre otros asuntos de interés social, político y cultural. En 1959, también se fundaron dos instituciones culturales muy importantes en la historia de la gráfica cubana: el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la Casa de las Américas.

En el ICAIC, el primer equipo de diseñadores estuvo integrado por reconocidos nombres que hoy forman parte indisoluble de la historia del cartel en Cuba: Rafael Morante, Eduardo Muñoz Bachs, Raúl Oliva y Holbein López, con Eladio Rivadulla como impresor de carteles en serigrafía. En años siguientes trabajaron además para esta oficina –entre otros– René Azcuy, Antonio Pérez Ñiko, Antonio Fernández Reboiro, Luis Vega y Julio Eloy Mesa.

Fresa y Chocolate obtuvo una nominación en la categoría de Mejor Película Extranjera, en los Premios Oscar de 1994.
Fresa y Chocolate obtuvo una nominación en la categoría de Mejor Película Extranjera, en los Premios Oscar de 1994.

Cuando surgió el cartel cubano de cine, los recursos eran pocos y precarios, retos difíciles de asumir, de ahí la gran virtud del cartel de este período, en materia de creatividad y vanguardia. Se puede decir entonces, que la necesidad de expresión y el desafío para poder exponerla, se convirtieron en el punto de partida para la gráfica cubana de esta etapa, conocida como la época de oro del cartel cubano.

Alfredo Rostgaard participó en la producción gráfica del ICAIC, donde diseño más de 200 carteles para la presentacion de estrenos de películas.

Sin dudas, el boom que tuvo el cartel cinematográfico marcó, profundamente, el desarrollo de este soporte comunicacional. En él, la síntesis, la creatividad, la audacia y la intención, acertadamente combinadas, lograron un magnífico y eficaz resultado que ha llegado hasta nuestros días como un valioso ejemplo de la expresión de ideas a través de la gráfica.

Este extrovertido patrimonio, fue inscrito en julio del actual año (2017), en el Registro Nacional del Programa Memoria del Mundo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).  La muestra, que abarca una colección de 3.000 carteles cubanos de cine pertenecientes al ICAIC, es considerada como una elocuente contribución a la educación visual de generaciones de espectadores.

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