Estudio-Taller Rigoberto Mena


La solución arquitectónica del Estudio-Taller Mena es una grata sorpresa para los transeúntes que se acercan a la intersección de 21 y 54, en Buenavista, Playa. Su sola presencia rompe con la visualidad del barrio; sin embargo, el contraste con el tejido urbano no demerita las múltiples posibilidades del inmueble, concebido en su totalidad por el arquitecto español Carlos Ferreira en el 2015.

Levantar esta residencia de la nada, ponerlo a disfrute de la localidad y trascender el arte como objeto museable y distante de las personas, es la apuesta en rigor del artista de la plástica Rigoberto Mena Santana (Artemisa, 1961) y su equipo para cualificar y humanizar el espacio. La pieza de dos pisos y recreada en los fundamentos de la arquitectura moderna de corte más internacional, conjuga las características de la localidad y la función social del edificio. La luz penetra por amplios salones, con paredes y techos en blanco, cuyo fluido armónico resalta lo propiamente galerístico. La entrada principal, al estar en la misma esquina, cruza líneas rectas con detalles constructivos repetidos de sobria composición. Cuenta también con singulares aportes de Mena Santana al concebir un breve mural abstracto en el perfil exterior, con losas fragmentadas en el suelo.  

El uso de altos ventanales de cristal y metal, convergentes con el desnudo de las estructuras de acero, acentúa el geometrismo implícito de la instalación. También, con aparente descuido en los techos, están grabadas las huellas del encofrado, líneas simétricas que transitan de extremo a extremo. El segundo piso, además de la reproducción de los salones, dispone de una cómoda terraza ataviada con macetas ornamentales y otros vaciados de ingeniosa factura. Se alza sobre la localidad y permite observar, no sin cierto privilegio, el trasiego humano del barrio.

Por su parte, el patio de estilo asiático combina un recorrido de losas articuladas para una peculiar jardinería con el uso de plantas decorativas o frutales, como el pie de elefante, el mango, el bambú, la palma, entre otras. De cualquier manera, la sombra atestigua las tardes y protege del sol tropical, encumbrado por una pequeña fuente a ras del suelo, que bosqueja los mismos principios de la galería- taller. El uso de la madera en tonos naturales aligera la densidad de la instalación y difumina la frialdad incorporada, sin dejar de destacar la expresión geométrica.

Estudio-Taller Mena reinterpreta el espacio de la comunidad y permite pensar en las oportunidades posibles y futuras para mejorar la vida de las personas que habitan los barrios periféricos, lejos de los circuitos legitimados del arte y la política. Por ello, Rigoberto Mena, junto con la especialista en arte cubano Zulema Armas, concierta actividades en las que insertan a niños, adolescentes y jóvenes, en el aprendizaje de las técnicas del dibujo y el teatro, además de los órganos locales del gobierno para constituir nuevos flujos de sociabilidad.

Ulises Padrón

Fotografía: David Cruz

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