Ediciones Vigía y el libro – arte en Cuba


En la Antigüedad eran diversos los soportes que se podían emplear para la escritura. Los primeros textos fueron escritos sobre materiales tan variados como la piedra, la arcilla o la madera. En el Antiguo Egipto estos elementos fueron reemplazados por el papiro, que luego fue transmitido a Grecia y a Roma. Sin embargo, los papiros eran poco duraderos, y fueron sustituidos paulatinamente por el pergamino, que podía ser conservado más fácilmente. Así, los rollos de papiro con el tiempo devinieron códices. Estos tenían una forma similar a la de los libros actuales; constituían pequeños cuadernos hechos de  tablas de madera a modo de páginas, entre las que se insertaban hojas de pergamino.
Durante la Edad Media fueron los monjes los encargados de copiar los libros y de desarrollar la escritura. Ya desde este período se comenzó a realizar la impresión de obras mediante bloques de madera, pero fue en el siglo XV cuando dos importantes innovaciones revolucionaron el ámbito bibliográfico: la fabricación del papel y la invención de los tipos de imprenta móviles de metal (atribuida tradicionalme nte al alemán Johannes Gutenberg). Estos y otros avances que se fueron desarrollando con el paso del tiempo permitieron que se acelerara considerablemente la producción de libros, hasta llegar a la forma en la que se realiza en la actualidad.

Cabe señalar que durante la historia de los libros, su fabricación no solo tuvo una  finalidad práctica como medio esencial de comunicación, sino también estética. A los libros desde etapas tempranas se les podían agregar imágenes con un fin artístico. Así muchos ejemplares medievales tenían dibujos y ornamentos de orfebrería en sus portadas, por lo que eran considerados verdaderas obras de arte.

Esta tradición se retomó de cierto modo en la época moderna. Con el desarrollo de los medios de comunicación masiva, que restaron en buena medida protagonismo al libro, fueron varios los artistas que lo comenzaron a utilizar como una vía de transmisión de ideas estéticas y conceptos en los que se unieran el texto y la imagen en una síntesis creativa. Surgió de este modo en el siglo XX, vinculada a diferentes corrientes artísticas, la definición de libro de artista o libroarte, considerado en términos generales como una obra de arte, concebida y realizada por un artista plástico. Se convirtió así el libro en un medio de expresión guiado por parámetros nuevos y se inauguró una modalidad artística novedosa de carácter interdisciplinario, que ofrecía múltiples posibilidades de creación, mediante las que se podían combinar elementos pertenecientes al libro  tradicional con otros procedentes de las manifestaciones plásticas convencionales.

En la contemporaneidad, etapa en la que los acelerados avances tecnológicos constituyen un reto, y tal vez una amenaza incluso para la producción tradicional de libros impresos, la modalidad artística del libro-arte pareciera ser una manifestación destinada a desaparecer, frente a la vertiginosa difusión del libro digital. Sin embargo, para los amantes tanto de la literatura como del arte en general, el libro tiene una valía intrínseca que no puede ser desplazada o devaluada de ninguna manera.

Esta vertiente inusual del arte contemporáneo, que es el libro-arte, está  significativamente representada por Ediciones Vigía, creada en Matanzas en 1985 por el diseñador Rolando Estévez Jordán y el poeta Alfredo Zaldívar. Este taller editorial debe  su nombre al lugar en que fue instalado, pues se encuentra ubicado en la Plaza de la Vigía (donde fue inaugurada la Casa del Escritor de Matanzas en 1984, y que a partir de 1992 se convirtió en la sede del Taller Editorial Vigía). Esta editorial, independiente y única de su clase en el país, está dirigida en la actualidad por Agustina Ponce Valdés.

Ediciones Vigía, que cuenta ya con más de 30 años de creada, surgió con el propósito de brindar la oportunidad a los escritores matanceros de dar a conocer sus obras, y de ponerse en contacto con la producción literaria universal y nacional.

En sus inicios, sus objetivos primordiales eran promover la literatura matancera y rescatar el concepto del libro como objeto artístico. Así, este taller editorial comenzó haciendo pequeños plegables que intentaban motivar al público a asistir a las veladas que se organizaban en la época de su creación. Estas convocatorias se acompañaban por viñetas o algún dibujo original, a los que se añadieron luego algunos poemas. El proyecto se fue expandiendo cada vez más, y en 1990 aparecieron los primeros libros y revistas.

La peculiaridad de esta casa editora radica en que sus libros son realizados manualmente con los más diversos materiales: papeles reciclados, hechos a mano o trabajados con distintas técnicas; elementos naturales, como hojas, semillas, corteza de árboles; textiles: telas, pieles, fibras sintéticas; y otros elementos (plásticos, metales, vidrio, etcétera). Ediciones Vigía publica, en tiradas de 200 ejemplares, obras literarias cubanas y extranjeras en nueve colecciones (Del San Juan, para poesía; Trébol, de cuento; Venablos, de ensayo; Aforos, de teatro; Barquito, para literatura infantil; Andante, sobre música; Clásicos, dedicada a los autores clásicos; Paseo, sobre temas habaneros; y Del Estero, colección itinerante), y posee además dos revistas, una para niños (Barquito del San Juan) y otra para adultos (La revista del Vigía). Cabe destacar que Ediciones Vigía también elabora libros, programas, catálogos y otras publicaciones, por encargo de artistas o instituciones.

Su emblema es un quinqué encendido, y los elementos que la caracterizan son un riguroso criterio de selección para la publicación de las obras, el carácter inédito de estas y un diseño muy original.

Ediciones Vigía, cuyos valiosos libros artesanales son altamente apreciados por  bibliófilos y coleccionistas, ha recibido numerosos premios y distinciones por su labor, y actualmente sus producciones se encuentran en colecciones de bibliotecas y prestigiosos centros de arte internacionales, como el célebre Museo de Arte Moderno de Nueva York. La propia editorial ha ofrecido asimismo exposiciones y conferencias sobre el trabajo que realiza, y ha impartido numerosos talleres sobre el método que emplea.

De esta manera, en estos tiempos en los que las tecnologías y realidades virtuales pugnan por disolver esa relación íntima y primigenia del hombre con la literatura, la  revalorización del libro, no solo como medio de comunicación y de transmisión de  cultura, sino también como obra de arte en sí mismo, es más necesaria que nunca.

Ante el desafío que supone crear libros a mano en el contexto actual, los integrantes de Ediciones Vigía, como los monjes medievales en otro tiempo, encargados de preservar el conocimiento y la cultura, a través del trabajo manual y el oficio, han sabido desarrollar, y continúan desarrollando hasta hoy, esta meritoria labor.

No Comment

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Previous Liquidaciones: Plástica y Diseño
Next THE DESIGN MACHINERY OF THE 1960s