DECORACIONES AL ESTILO VINTAGE. ¿Moda o tendencia en Cuba?


En los últimos años, el sector cuentapropista en Cuba ha posibilitado la inserción de diferentes formas de consumo en el contexto cubano. En muchos casos, estos negocios garantizan un buen servicio, con el propósito de atraer a más clientes. Pero, antes de abrir las puertas al público, se reconoce la necesidad de ambientar el espacio. Es entonces, cuando el diseño interior se vuelve una demanda y se hace imprescindible la presencia del conocimiento especializado.

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Diversos han sido los modos y estilos empleados durante el proceso de diseñar, sin embargo, se han identificado lugares (restaurantes, bares, cafés) cuyos conceptos en la decoración, priorizan la acumulación de objetos antiguos o procedentes de décadas anteriores.  Cuidadosamente, he preferido usar el término acumulación, para describir la manera en que aparecen dispuestos muchos de estos artefactos. Pero al mismo tiempo, sería injusto simplificar estos sucesos a una mera palabra, cuando parece ser que guardan otras connotaciones.

Una  mirada poética, justificaría este gesto como la nostalgia del pasado, o el reflejo de la ahistoricidad de nuestros tiempos, donde el hombre es incapaz de establecer una horizontalidad temporal para determinar el antes y el después de las cosas. No obstante, es necesario puntualizar que no todas las propuestas entienden el objeto antiguo como algo simbólico.  En muchos casos, se utilizan por azar, o se desprecia la relación que pudiera tener con el recinto. De cualquier modo, me atrevo a definir algunas  posturas respecto a este fenómeno en Cuba.

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La primera, entiende el objeto antiguo como reliquia dentro del sistema de los objetos modernos. El objeto es privado de sus funciones primarias, y descontextualizado de su hábitat, para convertirse en pieza decorativa. Por supuesto, que el nuevo status no disminuye su valor mobiliario. Curiosamente, estos objetos pueden volverse una de las mayores atracciones del espacio.

Otra postura, admite el reciclaje como modus operandi, cuya finalidad consiste en volver a usar lo viejo para fines prácticos y convertirlo en algo «nuevo», atractivo y excéntrico. En este caso, se aspira a que los objetos asuman roles activos en el mundo actual. Una máquina de coser Singer o Wertheim por ejemplo, se convierte en mesa para un máximo de 2 comensales; la cafetera italiana o Moka deviene recipiente para colocar el azúcar; o un cofre de joyas se utiliza  para guardar los pagos y las propinas. Pero más audaz aun, es cuando podemos encontrar en una bañadera o en un carruaje del siglo XIX, el lugar idóneo para tomar tazas de café.

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Seguramente, compartimos el criterio de que todos estos ejemplos constituyen notables evidencias de creatividad. Algo que, en ocasiones, olvidamos en nuestra vida diaria. Pero, si por un lado, tales modos de decoración han demostrado originalidad y talento por parte de los diseñadores cubanos, por otro, todavía quedan pendientes algunas interrogantes.

¿Es la decoración vintage una genuina tendencia en Cuba o una naciente moda que está reproduciendo modelos foráneos? ¿Qué valores determinan la presencia de estos objetos en bares y restaurantes? ¿Se tiene en cuenta la autenticidad, o solo se trata de aparentar lo viejo? ¿Es acaso esta, una nueva forma de coleccionismo? ¿Cuánto de conservación hay en aquellos objetos, si se transforman para asumir nuevas funciones? Puedes sumarte a la pesquisa o a las opiniones. Amano indaga y comparte.

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