Aventuras y desventuras del HAVANA CLUB


La herencia de un apellido

El hombre que iba a crear la receta y la marca del ron Havana Club se llamaba José Arechabala Aldama. Natural de Vizcaya, España, llegó a Cuba en 1862, 
a los 15 años. En 1878, ya con 31, compró a plazos un alambique, propiedad de su compatriota, el emprendedor y político Julián de Zulueta.

Después de un largo proceso, el negocio se convirtió en un gran complejo fabril: J. Arechabala S. A., cuya presidencia se turnaron, por etapas, varios de sus familiares. A la vez funcionaba como productora de levaduras, confituras y sirope, almacén y refinería de azúcar, una terminal marítima, una destilería, entre otras.

No obstante, hubo que esperar al 19 de marzo de 1934 para la inauguración de una fábrica de licores y comenzar la producción de ron Havana Club, que más tarde conviviría con otros tipos de bebida, como el alcohol puro y el coñac.

Posteriormente la familia Arechabala amplió
sus perspectivas y vendió su ron en España y otros países, estrategia mercantil que los hizo prosperar muchísimo. A principios de 1960 el Gobierno Revolucionario nacionalizó la empresa.

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Las mil y una batallas comerciales y legales

La familia Arechabala, que se encontraba exiliada del país, dejó que expirara la marca hacia los años 70 y entonces la empresa estatal Cuba Ron S.A. la registró como marca propia.

En 1993, durante la época del llamado Periodo Especial en la Isla, el Gobierno cubano propició que entre Cuba Ron S. A. y la multinacional francesa Pernod Ricard S. A. se creara una empresa conjunta (o joint venture). Cuba Ron la produce y Pernod Ricard la distribuye por el mercado internacional bajo su marca originaria, que para ellos constituye una prioridad, por cierto. La alianza se ha denominado

Havana Club International S. A. y cuenta
con una moderna destilería instalada en la provincia de Mayabeque, además de seis direcciones territoriales.

Tal coyuntura propició que el nombre del
ron cubano más conocido del mundo fuese elegido para representar el patrimonio de la producción ronera y el ambiente de la capital de Cuba. Su símbolo, La Giraldilla, así como su atrayente combinación de colores (caracteres blancos en el centro de una esfera roja), son inherentes a la marca.

Aquella unión de empresas, sin embargo, no significó un freno para Bacardí. Cuentan que en el propio 1993 le compró la receta y la marca Havana Club a sus antiguos propietarios (la familia Arechabala, residentes en Florida), quienes habían perdido sus derechos por no renovarla en la década de los 70. Pero ello, como se ha venido explicando, constituye nada menos que un robo ante las leyes, puesto que legalmente la marca ya no pertenece a la familia de su creador.

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Una marca registrada es, a efectos legales, un modo de registro sobre cualquier símbolo con
el n de identificar un producto o un servicio comercial de manera exclusiva. El símbolo, que no puede tener semejanza con otras marcas que pertenezcan a otros productos o servicios, debe figurar a través de una palabra, frase, dibujo o logotipo, y solo se le permite usar a la persona natural o jurídica que lo registró o al que ella misma haya autorizado, debidamente, para usarlo. La vigencia de su uso fluctúa entre los 10 y 15 años. Havana Club, por ejemplo, es una marca mixta, ya que contiene características nominativas (mediante el texto) y figurativas (mediante sus elementos visuales).

En Cuba existe la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial (OCPI), que maneja tales procedimientos y entre sus funciones resaltan las siguientes: evaluar y proponer la adhesión o renuncia de Cuba a los acuerdos multilaterales y bilaterales en materia de Propiedad Industrial, así como el establecimiento de acuerdos de cooperación en materia de Propiedad Industrial con otras instituciones extranjeras.

En 1999 se inició una batalla legal que 
duró dos décadas. El enfrentamiento en los tribunales entre dos multinacionales provocó gran revuelo en los medios, generando todo tipo de opiniones encontradas.

Una diferencia, con ventaja desigual, para Bacardí (independiente de la usurpación) es que al ron que denomina como «su Havana Club» (pero fabrica en Puerto Rico), sí le es permitido venderse en suelo estadounidense. Nuevos capítulos y alegatos han condimentado y complicado esta trama una y otra vez, mientras ambas compañías ganan más consumidores en todas partes.

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Bacardí continúa asegurando que compró los derechos de la bebida a la familia Arechabala,
y alega ser la legítima propietaria del nombre Havana Club, pero al comercializarlo junto al Ron Matusalén, violó las normas internacionales sobre el derecho de la propiedad intelectual, las marcas y patentes, de acuerdo con los especialistas de la Pernod Ricard.

El Gobierno de Estados Unidos lo permitió, haciendo incluso un cambio de legislación, pero este hecho lo condenó la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En el 2015, gracias al reinicio de las relaciones diplomáticas entre los Gobiernos de Cuba y Estados Unidos, la historia ha variado: después de haber ganado el litigio para registrar la marca en Estados Unidos, Havana Club aspira a que su ron sea el primer producto cubano que se venda en Estados Unidos cuando se levante el bloqueo.

Mientras tanto, un sinfín de clientes de todo el planeta goza diariamente de los encantos del Havana Club (tanto del fabricado en Cuba, como el fabricado en Puerto Rico) y a muy pocos les interesa saber a ciencia cierta quién es el propietario absoluto de tan codiciada marca.

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